From Ñ digital, an interview with Chilean writer Lina Meruane:
¿Existe alguna coincidencia -que no sea de superficie- entre el título de la novela y el dicho “tener la sangre en el ojo”?
No
hay coincidencia; como casi todo en un libro, el título es deliberado.
Buscaba uno que cumpliera con dos premisas: uno, la literalidad y otro
figurado. El titulo del trabajo anterior, que luego deseché, reunía
ambas cualidades: “Mal de Ojos”. Sólo que ahí lo figurado era la idea de
la maldición, y por eso tuvo que partir, mientras que aquí lo figurado
es la idea de la rabia, del deseo de venganza, que pienso, define bien
lo que hay en el fondo de mi protagonista. Esta mujer que oscila entre
la ceguera permanente y la recuperación de la vista es un personaje
movilizado por la ira, por el deseo iracundo de superar la crisis, y esa
energía la lleva a valerse de todo el que se le ponga por delante. Esta
mujer está dispuesta a todo, menos a ser la víctima de su cuerpo.
Contabas
que respecto de Las infantas, esta novela es muy distinta de aquellos
cuentos. ¿Podrías explicarme qué cosas cambiaron durante todos estos
años, además de la cronología?
Han pasado catorce años desde
que se publicó por primera vez “Las Infantas”, que es mi primer libro, y
lo que sucede es que ya no me reconozco del todo en él. Lo digo porque
cuando Eterna Cadencia me ofreció volver a publicarlo, lo releí, y lo
leí con algo de asombro, no porque el libro sea asombroso sino porque no
sabía de qué cabeza habían salido todos esos episodios. Pero también es
cierto que una no es nunca la persona que escribe. Una está parada en
un lugar y lo que sucede en los libros es otra cosa. Una está y no está
en sus libros. Y además de esto, considero que cada uno de los libros
que siguieron fueron escritos desde cabezas distintas, desde estrategias
diferentes, como si cada uno se hubiera escrito movilizado más por la
necesidad del texto que por ideas predeterminadas. Para ser justa con
ese primer libro, lo que vi en la relectura es que había trazado, a su
manera, en el estilo de entonces, que era más seco o más frío o más
contenido, el recorrido de mis preocupaciones. La ceguera y su relación
con la ira ya está en ese libro.
¿Cuánto hay de
autobiográfico en “Sangre en el ojo”? ¿Tiene lo autobiográfico, sea éste
el caso o no, importancia en el verosímil de cualquier narración?
Lo
autobiográfico en un texto es una trampa. Trampa para el lector cuyo
acto de entrega al relato lo lleva a convencerse de que todo lo que se
le cuenta es verdadero. Trampa también para el autor, que a veces
desconfía de su imaginación y del poder simbólico de la palabra, o
delega el poder de su texto en el hecho verídico que lo sustenta, si ese
es el caso. Te digo esto porque es lo que descubrí escribiendo esta
novela. Yo, que siempre he estado más cómoda en la ficción, porque la
ficción ofrece libertades que la memoria parece no permitirnos, me
pregunté qué hacer, es decir, cómo narrar un episodio dramático que mi
pasado me ofrecía. En un momento pensé que escribiría una memoria (tenía
en mente “Esa visible oscuridad” de William Styron, y “A Bell Jar” de
Sylvia Plath) pero abstenerme de la ficción me impedía hurgar en lo que
estaba detrás del evento, y que de pronto era mucho más importante. En
ese momento abandoné la mímesis y me permití ir hacia el otro lugar de
la novela. Y aunque el texto trabaja con el recurso del detalle
minucioso, a ratos milimétrico, sin duda ésta es una trampa que se le
tiende al lector para llevarlo hacia una situación imposible que le
obligue a preguntarse si es posible que todo lo demás, todo lo que
leyó, pueda ser cierto.
Es muy notable la puntuación, el
fraseo del texto. Los cortes suelen angustiar. Quiero decir: son los
cortes en las frases los que producen un efecto de angustia más que la
situación, de por sí angustiante. ¿Cómo trabajaste la escritura de la
novela; cuánto tiempo te llevó escribirla; y corregirla?
La
idea de fractura, es cierto, recorre todo el texto. Se fracturan las
oraciones en momentos álgidos en lo que no se puede pensar lo que sigue.
Se fractura también esta suerte de monólogo que es también la novela.
En el tiempo de escritura, también hubo una interrupción, porque escribí
el primer pedazo definitivo (después de varios intentos fallidos)
mientras preparaba otra escritura, la de mi tesis doctoral; pero como no
podía mantener dos escrituras tan intensas, y como se cumplía el plazo
de la tesis, la novela quedó en suspenso. Entre ese primer momento y la
publicación pasaron varios años, pero afortunadamente este año también
se publicará el otro libro, el ensayo académico “Viajes virales” (Fondo
de Cultura Económica), y si tengo suerte, también aparecerán un par de
textos más cortos y rezagados.
How did you end up in Alaska? What influence does it have on your work?