El Commercio in Peru just reports today that they have just received over 4,000 pages from Wikileaks of US diplomatic cables between the US and its embassy:
EL ENCUENTRO
El lunes 7 partí a Londres, aún intrigada de hasta dónde realmente me llevaría este misterioso asunto. Después de todo, podría tratarse de alguna tontería sin la importancia que hasta entonces le habíamos dado. Una y otra vez me repetía a mí misma que no debía hacerme demasiadas expectativas.
El martes, ya en la hermosa capital británica, volvimos a entrar en contacto: la reunión ya no sería en la noche del miércoles sino a las 10 a.m. “¿Podrás llegar a ‘tal’ dirección a esa hora?”, me preguntó. ¡Cómo no! Si ya había cruzado el Atlántico, tomar un taxi que me llevara hasta allí no sería muy difícil.
Llegué un poco antes de la hora fijada. Allí, sin embargo, no sería la reunión. Alguien pasaría a recogerme para llevarme a otro lugar. Así fue.
Ya en el sitio que tanto había perseguido durante 19 días, volvieron a entrarme las dudas: lucía demasiado simple para albergar los secretos develados del gobierno más poderoso del mundo, y quién sabe cuántos secretos más.
Allí conocí a mi contacto y al finlandés Kristinn Hrafnsson, director de Sunshine Press Productions, la rama encargada de las publicaciones de Wikileaks. Finalmente había llegado.
Con Hrafnsson firmamos un memorándum de entendimiento antes de que me entregaran el material prometido. El paquete proporcionado a este Diario consta de unas 4.000 páginas enviadas a su gobierno por funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Lima entre los años 2006 y 2010, más unos pocos relacionados con Bolivia.
En esas estábamos cuando, inesperadamente, se abrió una puerta y entró un sujeto alto y delgado cuyo rostro era inconfundible: Julian Assange. No esperaba encontrarlo. No me aceptó una entrevista ni una foto, pero sí pudimos intercambiar algunas palabras. Se interesó por el caso de los ‘petroaudios’ en el Perú y también por el Cusco que, dijo, le gustaría visitar, aunque evidentemente, lamentó, por ahora eso no será posible.
From their edorial, El Commercio ponders its duty and impact on publishing these documents:
A nuestro Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa le parece que estas publicaciones nos defienden “contra las intrigas, las maniobras, que están siempre vinculadas a la vida política y sobre todo al poder”, pero le preocupa el peligro de que pueda desaparecer “toda forma de confidencialidad”, al punto de que los estados no puedan funcionar, generando “una fragilidad tal que las instituciones, una tras otra, se desprestigien así como la esencia de la democracia”.
En la misma línea, para el semiólogo italiano Umberto Eco, los documentos de Wikileaks tienen un doble valor. Por un lado, no es más que un escándalo aparente, un escándalo que solo parece tal por la hipocresía que gobierna las relaciones entre los estados, los ciudadanos y la prensa. Por otro lado, anuncia cambios profundos a nivel internacional y prefigura un futuro dominado por la regresión” [para salvaguardar secretos en la era digital, se entiende].
El director del diario español “El País”, Javier Moreno, es un convencido de que los documentos muestran que las “clases políticas en las democracias avanzadas se la han pasado engañando a sus ciudadanos”.
Los lectores y lectoras de El Comercio quizá se pregunten por qué hemos decidido publicar estos cables. La respuesta es que consideramos necesario, hoy más que nunca, poner en debate una información notoriamente de interés público.
Desconocemos los criterios de selección del paquete recibido –que abarca del 2006 al 2010– por lo que no estamos en capacidad de afirmar que se trate de toda la documentación producida en ese período sobre el Perú. En esta edición damos cuenta de dos cables y en el transcurso de la semana retomaremos su publicación.